miércoles, 29 de junio de 2016

Emprendimiento tecnológico, ¿boom o nuevo sector económico?


El sector de la conomía digital es un sector en claro crecimiento internacional y nacional, al menos esa es la visión de la consultora Accenture Strategy, proyectada a través del informe "Digital Dusruption: the Grouth Multiplier", presentado en la última edición del Foro Davos celebrada en el año 2016. Según Accenture, la dimensión de este sector económico en 2015 en España fue de 206.000 millones de euros, que supone una contribución del 19,4% al producto interior bruto y lo que es aún más importante, se prevé un crecimiento adicional de 40.000 millones de € hasta el 2020, por lo que no cabe duda que supone una extraordinaria oportunidad para el desarrollo económico de cualquier región.


Pero además de este enorme potencial de crecimiento, el sector de la economía digital tiene otras sobresalientes características que lo hacen propicio para el emprendimiento. Las barreras de entrada, expresadas en términos de inversión para el inicio de una actividad son sensiblemente inferiores (este aspecto es al mismo tiempo una oportunidad para los emprendedores tecnológicos y una amenaza para las empresas que operan en economías no digitales, pero digitalizables). Por otro lado, el potencial de globalización de los negocios digitales, que facilita tanto la deslocalización de los equipos de trabajo, como la internacionalización de los productos o servicios, no sólo contribuye a potenciar el emprendimiento en este sector, sino que además convierte a nuestro archipiélago en un lugar propicio para desarrollar un tejido empresarial vinculado a la economía digital.

Canarias tiene una economía fuertemente vinculada al sector servicios, más específicamente a las actividades relacionadas con el turismo, lo que nos convierte en el laboratorio ideal para el desarrollo de nuevos negocios digitales vinculados a este sector. A este peso específico que el turismo tiene en la economía canaria, debemos sumar la existencia, desde hace ya casi dos años, el Centro Demostrador de Referencia en Innovación aplicada al Turismo (CDRi Turismo), un centro de ámbito nacional (único de España especializado en turismo), que tiene el cometido de configurarse como el laboratorio de ideas y germen del emprendimiento tecnológico vinculado al turismo.

Pero para poder explotar las posibilidades que brinda el auge de este sector de economía digital es necesario trabajar en tres aspectos claramente diferenciados. En primer lugar es necesario priorizar las inversiones en proyectos con una clara y tangible propuesta de valor, hay que huir del oportunismo o de las modas tecnológicas. Quizás un ejemplo de este tipo de modas es la proliferación de todo tipo de aplicaciones para dispositivos móviles. El número total de aplicaciones disponibles para su descarga a 1 de junio de este mismo año era de 5,7 millones, sin embargo, el número medio de aplicaciones utilizadas mensualmente por usuario es España, no supera las 26, lo cual nos puede dar una idea de lo complicado que puede llegar a resultar tener éxito en este segmento sin una clara aportación de valor, más allá de la propia aplicación. En segundo lugar, es absolutamente necesario establecer una estrategia de especialización digital de una industria concreta, preferiblemente aquella que tenga un mayor peso. Seguramente todos estaremos de acuerdo en que, en el caso de Canarias, esa industria es el Turismo, que genera más del 30% del producto interior bruto. Por último, es también imprescindible generar las condiciones adecuadas para que los procesos de transformación digital germinen, a través de las sociedades que operan en industrias consolidadas y de los propios emprendedores que inician una nueva aventura empresarial.



Será entonces, cuando hayamos sido capaces de canalizar la inversión (especialmente la privada), involucrar a la industria (especialmente al turismo) y propiciar un contexto cultural y social de transformación digital (romper barreras de miedo al fracaso, por ejemplo), cuando realmente estaremos en condiciones de empezar a generar riqueza vinculada a la producción de bienes y servicios digitales. El papel de los emprendedores en esta tarea es clave, especialmente el de los emprendedores tecnológicos, que aportan innovaciones tecnológicas, generalmente a negocios maduros, generando disrupciones digitales que rompen, de la noche a la mañana, las reglas del juego y que generan una nueva propuesta de valor, muchas veces desconocida hasta ese momento.

El perfil de los emprendedores en España es, según el último informe de Spain Startup, el de un varón (en el 83% de los casos), con edad inferior a los 34 años (54% de los casos), formación universitaria (90% de los casos) y que ha trabajado o emprendido en el pasado (86% de los casos). Es decir, el emprendedor medio es una persona joven, que ha tenido ya una experiencia profesional que le ha aportado un conocimiento específico de ese negocio (generalmente en sectores no vinculados a la economía digital), que ha identificado una propuesta de valor en ese sector y que ha decidido explotarla.

Una de las principales conclusiones que podemos sacar de este informe es que, si queremos evitar que el emprendimiento tecnológico se convierta en una burbuja, como otras que hemos sufrido en el pasado, se hace especialmente necesario poder distinguir los proyectos con aportación real de valor, bien alineados con nuestra estrategia de transformación digital y liderados por personas con un conocimiento exhaustivo del sector en el que pretender operar. Es absolutamente necesario ser capaces de diferenciarlos de aquellos basados, tan solo, en una buena idea o, simplemente en una idea, porque distinguir unos de otros será lo que, en el medio plazo, marcará la diferencia entre crear una burbuja tecnológica y consolidar un sector, como es el de la economía digital, con un protagonismo destacado en la riqueza del archipiélago.

Para ampliar
  1. SO MANY APPS, SO MUCH MORE TIME FOR ENTERTAINMENT. Nielsen. http://www.nielsen.com/us/en/insights/news/2015/so-many-apps-so-much-more-time-for-entertainment.html
  2. Number of apps available in leading app stores as of June 2016. http://www.statista.com/statistics/276623/number-of-apps-available-in-leading-app-stores/
  3. Digital Dusruption: the Grouth Multiplier. Accenture Strategy. https://www.accenture.com/us-en/insight-digital-disruption-growth-multiplier
  4. Mapa del Emprendimiento. South Summit. https://www.southsummit.co/assetsland/img/press/South_Summit_2015_y_Mapa_del_Emprendimiento.pdf

domingo, 8 de mayo de 2016

Territorios inteligentes, ¿moda o necesidad?

Segúramente usted ha oido hablar en más de una ocasión del término ciudad inteligente, utilizado con más frecuencia en su denominación anglosajona, Smart City. Pero, ¿qué es una ciudad inteligente? ¿Se trata de una moda pasajera o de una necesidad real? Según el último informe de la ONU sobre urbanización global (World Urbanization Trends), un 66% de la población total del planeta vivirá en ciudades en el año 2050 (actualmente lo hace solo el 54%). Este porcentaje es mucho mayor si nos centramos exclusivamente en el continente europeo, donde la previsión es que un 85% de la población se concentre en las ciudades (frente al 73,4% que lo hacía en 2014). Si a este aumento del peso que adquieren las ciudades frente al entorno rural sumamos el crecimiento demográfico global (se estima que la población global en el año 2050 sea de 9,5 miles de millones de habitantes frente a los 7,5 mil millones actuales) no cabe duda de que las ciudades afrontan un extraordinario reto en términos de sostenibilidad a medio y largo plazo.


Es precisamente en la intersección entre este reto en materia de sostenibilidad, las personas y los increibles avances tecnológicos de los últimos años donde nace este nuevo concepto de ciudad inteligente. Con el fin de arrojar algo de luz sobre la variedad de aspectos que se pueden considerar en las ciudades inteligentes, me gustaría señalar el proyecto “European Smart Cities”. Esta iniciativa focaliza su estudio en ciudades europeas de tamaño medio, entre otras razones, porque están peor equipadas en términos de masa crítica, recursos y capacidad de organización, y supuestamente han de competir con las de mayor tamaño. El proyecto, concibe la ciudad inteligente o “Smart City” como el de una ciudad que integra, de una forma inteligente, la economía, la gente, la movilidad, el medio ambiente, y el Gobierno; e identifica factores para cada uno de esos bloques, de tal suerte que, mediante la puntuación de cada uno de ellos, se puede establecer un ranking de ciudades europeas. El útlimo ránking (del año 2015) cuenta con la presencia de 11 ciudades españolas entre las que se encuentra por primera vez una ciudad canaria, Las Palmas de Gran Canaria.

Llegamos así a la que considero una de las definiciones más acertadas de lo que debería ser una ciudad inteligente: una ciudad que integra las tecnologías de la Información y las comunicaciones (TIC) para hacer que tanto sus infraestructuras, como sus componentes y los servicios públicos ofrecidos sean más integradores, interactivos y eficientes y los ciudadanos puedan involucrarse y ser más conscientes de ellos.

Aunque las escala cuando hablamos de territorios inteligentes es generalmente la ciudad, existen numerosas iniciativas en otros ámbitos de menor y mayor dimensión. Y es que en realidad el concepto de ciudad inteligente es extrapolable a otras escalas, siempre que se mantenga una coherencia entre los retos a abordar y los actores implicados en su resolución dentro de dicha escala. Quizás una de las experiencias más reconocidas a nivel internacional en una escala menor a la de ciudad es la del proyecto 22@Barcelona que ha transformado doscientas hectáreas de suelo industrial de Poblenou en un distrito innovador que ofrece espacios modernos para la  concentración estratégica de actividades intensivas en conocimiento. Esta iniciativa es a su vez un proyecto de renovación urbana y un nuevo modelo de ciudad que quiere dar respuesta a los retos de la sociedad del conocimiento.

Cuando hablamos de iniciativas de escala superior a la de ciudad debemos poner el foco, necesariamente, en el concepto de Islas Inteligentes. Es una realidad que el hecho de la insularidad plantea la necesidad de resolver problemas característicos que  no se dan en otras regiones o escalas territoriales. Al menos así lo ha considerado Red.es que el pasado mes de octubre publicó la primera convocatoria de financiación de proyectos de Isla Inteligente en la que presentaros sus iniciativas Gran Canaria, Tenerife, La Palma, El Hierro, Lanzarote, Fuerteventura, Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera. Dotar a las islas de Inteligencia, de sostenibilidad y, especialmente, de seguridad, son ejes centrales de esta convocatoria, que se enmarca dentro del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, que es una de las herramientas de desarrollo de la Agenda Digital Española. Concretamente y en materia de desastres naturales y emergencias, existe un nicho interesante para ser cubierto por el uso intensivo de tecnología, lo que generaría ventajas no sólo para sí mismas, sino para la industria española en general, asumiendo un roles más activos como laboratorio viviente y espacio de demostración abierto al resto del mundo.


Como hemos visto, con independencia de si estamos hablando de un barrio, un distrito, una ciudad o una isla, la presión demográfica y de recursos a la que se verán sometidos los territorios en los próximos 20 años, es un auténtico reto para el progreso económico, social y natural del planeta. Es en este contexto global donde surge el concepto de Ciudad Inteligente, que lejos de ser una moda pasajera, se ha convertido ya en el único camino hacia la sostenibilidad de las ciudades.

No me cabe duda sobre el hecho de que dentro de los próximos años, los centros urbanos que no adapten su administración y sus servicios al modelo que se plantea en el concepto Ciudad Inteligente, serán sitios en los que la vida de los ciudadanos y visitantes será muy complicada, especialmente en aquellos territorios como el nuestro, condicionados además por el efecto de la insularidad.